
En los Juegos Olímpicos de 1992, las estrellas de la NBA (Michael Jordan, Larry Bird, Magic Johnson…) bajaron a Barcelona a demostrarle a los mortales que la distancia que les separaba de ellos era de años luz. Hasta entonces los estadounidenses tenían el oro prácticamente asegurado mandando a los universitarios, pero el bronce de Seúl, hace veinte años, les mandó el primer aviso.
El Dream Team, sin esforzarse demasiado, sin molestarse en saber quiénes eran los extranjeros a los que les pasaban encima como querían, ganó todos sus partidos de más de 30 puntos de ventaja, envuelto en un aura legendaria que aún dura hasta hoy.
Después de Barcelona continuó el paseo estadounidense, cada verano con un grupo de estrellas diferentes, que pasaban sus vacaciones ganando al resto del mundo, aunque cada vez con menos facilidad, hasta que en las semifinales de Sydney 2000 un triple de Sarunas Jasikevicius casi apea a los americanos de la final. Fue el primer susto que se llevaron los NBA, susto rápidamente olvidado en la final, con el famoso mate de Vince Carter sobre Frederic Weis, perfecto ejemplo de la soberbia de esas estrellas. Ese sería el último oro internacional que conseguiría la selección estadounidense en 8 años.
En el 2002, en el Mundial de Indianápolis, perdieron contra Serbia, Argentina y España, quedando sextos. En Atenas 2004, sólo consiguieron el bronce, al perder contra Argentina en la semifinal, y en el 2006, en el Mundial de Japón, fue Grecia la que los eliminó en la semifinal. Cada vez tenía menos sentido llamarles Dream Team, pero ellos tenían excusas: no se acostumbraban a las reglas FIBA, que les resultaban totalmente nuevas, no podían competir contra equipos que llevaban años juntos mientras ellos habían entrenado sólo 3 semanas…
Y desde la derrota en Atenas pusieron sus ojos en Pekín, para que nada de eso se volviera a repetir. Planificaron un equipo a 3 años vista, exigiendo a las estrellas compromiso. No habrían excusas. A algún publicista se le ocurrió el nombre de Redeem Team, el equipo de la redención, el que, además de recuperar el buen nombre del baloncesto estadounidense, conseguiría abrir definitivamente el mercado asiático para la NBA como en el 92 Jordan y compañía lo hicieron con Europa.
Y hoy, tomándoselo en serio sin ninguna excusa, han retomado el trono mundial. No lo han ganado estando de vacaciones como hizo el Dream Team, lo han ganado teniendo que pelear en la final. Y eso es una magnífica noticia para el baloncesto de todo el mundo. En el próximo Mundial, en los próximos Juegos Olímpicos, no habrá ningún campeón de antemano, cada año es más dificil ser el mejor del mundo, lo que quiere decir que la competición internacional se va a hacer más y más interesante.
Hoy se puede decir, sin ningún tipo de excusas, que la distancia que separa al baloncesto de los Estados Unidos del resto del mundo es de 11 puntos.